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Europa en el ámbito del trabajo durante la crisis mundial
Madrid (Revista E) - En España la crisis se ha llevado por delante no menos de un millón setecientos mil puestos de trabajo. Son datos que publicaba hace unos días la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hartos de que los ajustes de vacas flacas siempre se produzcan sobre el empleo, los sindicatos saldrán mañana a la calle. Será en Madrid en una manifestación en defensa del empleo y del diálogo social, pero ¿qué ocurre en el resto de Europa en el ámbito del trabajo?.
Si en España a pesar de la crisis a penas han habido movilizaciones, en Francia la conflictividad laboral está a la orden del día. En estos momentos está en huelga indefinida la principal línea de cercanías de París, la línea A, que afecta a un millón de pasajeros. Esta mañana se levantaba la mesa negociadora de los camioneros, que tienen anunciada una huelga indefinida que afectará a la Navidad, a partir del lunes si alguien no lo impide. Son los dos ejemplos de ahora mismo y ambas por motivos salariales, pero también ha habido un nuevo intento de suicidio en la Renault de Sandouville, o la amenaza del sector lácteo de unirse a la protesta de los camioneros.
Al contrario que en España la conflictividad francesa tiene una cierta independencia de la crisis,
que ha mantenido un nivel de huelgas alto, este jueves se conocían los últimos ochenta mil parados del tercer trimestre de 2009, una cifra similar al trimestre anterior y la mitad de lo que fue el primero. 2009 va a pasar a la historia como uno de los años más calimatosos para el empleo, sin embargo las estadísticas internacionales sobre pérdidas de horas de trabajo en Europa, apuntan a que Francia está detrás de Italia y Reino Unido, y en un nivel poco mayor que Alemania.
La percepción del visitante y el observador sin embargo no es esa, sino más bien de lo que allí llaman “la cultura del conflicto”.
Los italianos también se han echado a la calle desde que estallara la crisis económica, aunque el principal motivo en la mayoría de los casos es Silvio Berlusconi. El primer ministro está viviendo una verdadera retahila de manifestaciones pero más contra su persona y sus hechos que contra su política específicamente económica. Hay que mirar por ejemplo un viernes de abril, fue cuando se produjo la manifestación más importante contra la política de económica del ejecutivo, bajo el lema “Futuro sí, hacía atrás no”, se concentraron en Roma varias decenas de miles de trabajadores convocados por el mayor de los sindicatos del país, la CGIL.
Italia está mejor que el resto de los países y saldrá antes de la crisis, lo decía Berlusconi en medio de la recesión, y sus palabras sonaban a “bravatas de tasca”, pero transcurridos unos meses la razón se pone del lado del fanfarrón. En esta recesión que se prolonga por más de un año, no se ha resentido ninguna entidad bancaria del país, la tasa de paro no se ha alejado del 8% y además la economía de Italia salió de la recesión con un crecimiento inter-trimestral del 0,6% en el tercer trimestre gracias una mayor demanda interna.
El Instituto Nacional de Estadística también indica que hay un crecimiento del Producto Interior Bruto, y el incremento trimestral del PIB se produce después de cinco contracciones consecutivas. En octubre la producción industrial tan sólo aumentó el 0,5%, una recuperación mucho más débil de lo que se esperaba, después del desplome de más del 5% en el mes anterior.
Lo peor ha quedado atrás, pero no hay repunte significativo, dicen los analistas que todavía miran con recelo al futuro.
Alemania históricamente se ha disfrutado de una envidiable calma social aunque las cosas parece que estarían cambiando. Según estadísticas comparativas oficiales del año 2005 en la República Federal Alemana, por cada mil empleados había 9,3 días de huelga. Nada en comparación con los 82,8 días de Francia o los 169 días de huelga en Dinamarca. La clave de esta calma sindical estaba en dos razones: la tradición alemana de la búsqueda del consenso social, como clave no sólo de estabilidad sino también de progreso económico, y la firma de convenios sectoriales pactados de manera equilibrada de patronal y sindicatos.
Sin embargo en los dos últimos años, con o sin crisis económica, la conflictividad ha empezado a aumentar. Todo el mundo recuerda, por poner un ejemplo, la huelga de los conductores de locomotoras del año 2007, que afectó no sólo a los empleados del ferrocarril de todo el país y por supuesto a los usuarios, sino a los trenes de cercanías en Berlín donde se creó un caos monumental.
En el año 2008 hubo un millón y medio de trabajadores en huelga, un millón más que en el año anterior, se perdieron quinientos cuarenta y dos mil días de trabajo, los días de paro fueron menores en número que otros años pero hubo eso sí más seguimiento de esas huelgas y también más huelgas de advertencia que afectan sólo a horas y días concretos anunciados con antelación.
En el año pasado las huelgas afectaron a los trabajadores del sector público, al metal y a la industria electrónica y también a la compañía Lufthansa. La tendencia de los sindicatos últimamente es a convocar sólo paros flexibles, en momentos concretos, de días concretos antes que huelgas a lo largo de semanas o meses.
A raíz de la crisis económica y concretamente de sus efectos, sobre todo en el sector del automóvil, lo que se está dando es que los ciudadanos, en este caso los empleados, están renunciando voluntariamente a aumentos de sueldo, renunciando también a pagas extraordinarias y renunciando incluso a un diez o hasta un veinte por ciento de su salario, si esto les garantiza la seguridad de su puesto de trabajo.










